Economía 2018: dos escenarios posibles según la deriva política

J. R. Pin Arboledas Profesor del IESE para Proassa Magazine

2018 iba a ser la continuidad de 2017 en materia económica hasta que se torció el “asunto catalán”. Por tanto podemos mostrar dos posibles escenarios para el año que viene. El primero se producirá si la aplicación del artículo 155 de la constitución y las elecciones del 21 de diciembre aplacan la tensión territorial, continua el Gobierno del PP y se aprueban los presupuestos de 2018. Un horizonte de estabilidad política. El segundo si los resultados de las elecciones autonómicas catalanas acaban produciendo inestabilidad no sólo en esa Autonomía, también en el resto de España.

En el primer escenario los expertos esperaban un crecimiento del PIB similar al de 2017, aunque un poco inferior: frente al 3,1/3,2 % de este año calculaban un 2,7% para el próximo. En consecuencia calculaban un desempleo por debajo del 16% de la población activa y, en algún caso del 15%. La deuda del Estado se mantendría cerca del 100% del PIB (1,2 billones de euros) y el déficit público bajaría del 3% saliendo España de los procedimientos de vigilancia de la Unión Europea. En todo caso la inflación, uno de los males tradicionales de España seguiría siendo baja por efecto de los precios de importaciones estabilizados o en baja, la contención de los salarios y la eficiencia cada vez mayor de los procesos productivos gracias a la aplicación de las nuevas tecnologías. Además el turismo seguiría fuerte (¿70 millones de visitantes?) reducida la imagen de desestabilización que el process catalán produjo en el cuarto trimestre del año en curso.

Un camino que haría que en 2020 hubiera más de 20 millones de afiliados a la Seguridad Social, dando un pequeño respiro incluso a las cuentas de las pensiones. La subida de recaudación y el alargamiento de la edad de jubilación permitirían que la financiación de las jubilaciones se hiciera con cargo a los Presupuestos Generales del Estado sin grandes tensiones financieras. El consumo interno seguiría tirando de la demanda  y la exportación mantendría la balanza comercial en positivo. Por contra los salarios seguirían sin crecer, aumentando la distancia entre los bien pagados (expertos especializados y directivos) y la base salarial de los demás seguiría congelada. Para estos últimos el mileurismo sería la meta a conseguir con empleos temporales o parciales.

Con ese panorama el Gobierno, con la ayuda de Ciudadanos y el PNV, que ha visto aprobado un generoso cupo, alargaría la legislatura hasta finales de 2019, principios del 2020. Tranquilidad económica y sosiego político con desequilibrios sociales que hay que arreglar.

El segundo escenario sería el de un resultado electoral el 21D que desestabilizase la situación política con la formación de un Gobern netamente independentista y reivindicativo. El PNV podría retirar su apoyo a los Presupuestos del 2018 y el Gobierno disolvería las Cortes convocando elecciones generales para mediados de año. La inestabilidad política redundaría en una reducción del crecimiento económico por la incertidumbre. El consumo interno se ralentizaría y a pesar de que las exportaciones y el turismo seguirían fuertes, en Cataluña se reduciría el turismo y sus empresas exportadoras acusarían la inestabilidad política. Los clientes del resto de España ya anunciaron su rechazo a la Cataluña independentista. Las cuentas del Estado no cuadrarían y la UE desconfiaría de una Administración tan ciclotímica como la española. El efecto sobre el empleo está por ser calculado pero no sería positivo y el inversor extranjero retiraría las operaciones previstas hasta ver cómo se despeja ese horizonte. 

¿Cuál de las dos alternativas es la más probable? El analista prudente diría que ninguna de las dos sino una intermedia. Ni el paraíso de la primera, ni el desastre de la segunda. Pero en ese caso la incertidumbre no se despejaría y la estaríamos arrastrando en un devenir penoso económica y políticamente.

Cuando escribo este artículo no se han realizado las votaciones. Así que deberá ser el lector el que una vez abiertas las urnas, contadas las papeletas, distribuidos los escaños y elegido el President deben sacar sus propias conclusiones. 

Pero fuera de España la economía mundial parece que crecerá. Hasta el Cono Sur, con Brasil y Argentina recuperará su actividad económica. Europa y EE.UU aumentarán su PIB. Los precios de los combustibles se estabilizarán alrededor de los 60 dólares barril y los países del tercer mundo tirarán de la demanda mundial. Por tanto todo lo relacionado con el sector exterior es un buen negocio. La inflación mundial, excepto en países descabellados como Venezuela, se estabilizará. La pobreza irá remitiendo a nivel mundial, aunque seguirá habiendo grandes desigualdades territoriales y eso desestabilizará algunas zonas del planeta. 

Si parte de las malas noticias de los últimos años fueron las secuelas de la crisis de 2008, la incógnita es: ¿serenará ese crecimiento mundial a la economía y la política española? Los populismos y nacionalismo espoleados por la crisis pueden perder fuelle y los peligros mencionados en el segundo escenario aplacarse. 

Si la UE ha sido uno de los factores que ha contribuido a desinflar el suflé independentista, con su negativa a reconocer a la República Catalana, el crecimiento económico mundial es lógico que ayude a paliar cualquier descalabro que los votantes del 21D puedan producir. 

Así que, a pesar de las incertidumbres políticas, hay razones para ser moderadamente optimista.

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