¿Qué nos espera en economía en 2016?

J.R. Pin Arboledas, Profesor IESE, Cátedra José Felipe Bertrán de Gobierno y Liderazgo en la Administración Pública y Luis Arias Hormaechea, Director de Desarrollo Corporativo del IESE para Proassa Magazine.

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2016 se presenta incierto políticamente y eso influirá en la economía. Las elecciones del 20D y el reto de los independentistas catalanes marcarán la agenda del próximo Gobierno. Pero, también es verdad, que hay factores autónomos, distintos de los políticos, que influirán en la economía. Unos de naturaleza internacional y otros domésticos.

Entre los factores internacionales tenemos dos efectos positivos que nos importan a los españoles: la continuidad de precios razonables para el petróleo y la paridad euro/dólar.

El petróleo es posible que no se mantenga en los bajos precios actuales de 40 dólares barril. Los saudíes ya han anunciado que pondrán en marcha el cártel de la OPEP o algo parecido. Pero la existencia de la tecnología fracking o gas shale, muy desarrollada en Estados Unidos, impide que suba por encima de 60/70 dólares. EE.UU. empezará a exportar combustible en los próximos años y esa oferta contendrá los costes de la energía. Una buena noticia para España que es importadora neta.

Por otra parte, la Reserva Federal americana ya está pensando en subir los tipos de interés, dada la buena marcha de su economía, el bajo desempleo y el temor a un repunte inflacionista. Eso hará que se acerque la paridad euro/dólar o, en el mejor de los casos, que el dólar supere en valor al euro. Eso es bueno para una economía como la española que cada vez exporta más (el 33% del PIB este año, el segundo porcentaje en Europa después de Alemania); nuestros productos y servicios serán más baratos y competitivos a nivel internacional. De esa manera el impulso al crecimiento que está dando el consumo interior se añadirá el sector exterior y, por supuesto, el turismo en el que tendremos una posición cada vez más favorable; máxime si nuestros competidores del resto del mediterráneo siguen en inestabilidad política.

En el exterior habrá un factor negativo, la baja del tirón de los tres países emergentes que reducirán sus compras: China, Brasil, y Rusia. La India seguirá en su tono pero tiene mucha economía autárquica y propia, y Sudáfrica no representa gran cosa en el mercado. Así que la competencia por los mercados internacionales será mayor.

Por último, está la incertidumbre de la amenaza yijadista. Hay agoreros que auguran un parón en la economía por ello. Pero, al contrario, nunca las guerras han sido un factor de depresión, sino, al revés, han lanzado el crecimiento. Bien es cierto que serán algunos sectores los que más se aprovechen, como el de la seguridad y los suministros bélicos (que no son sólo armas, comida y textiles, también los procesos de reconstrucción posteriores).

De manera que en su conjunto, a pesar de lo que parece, probablemente la situación internacional tirará de la economía española. Más de lo que algunos expertos sospechan. Lo que hay que hacer es orientar nuestros esfuerzos en la dirección de los vientos favorables.

Y los factores económicos internos, ¿cómo pintan? También favorables. El consumo de las familias se ha despertado. Durante las pasadas navidades se ha producido un récord de ventas, las expectativas del consumidor son buenas. Los ingresos por impuestos están subiendo más rápido de lo esperado y, si se siguen rebajando los tipos impositivos, el dinero en manos del público tirará de la demanda. Además, eso implicará inversión en bienes de equipo y más puestos de trabajo. Un círculo virtuoso. Las empresas, gracias a la Reforma Laboral, podrán adaptar sus plantillas al mercado creciente y no tendrán miedo a aumentarlas al haber bajado los costes de despido (que según los expertos deberían bajar aún más igualando las indemnizaciones de los contratos temporales a los indefinidos, para acabar con la dualidad del mercado laboral).

Las finanzas públicas, si siguen los cánones ortodoxos, darán como consecuencia menos déficit y mayor capacidad de inversión. El aumento del PIB hará crecer los impuestos y eso alejará el fantasma de la subida de estos. Es más, habrá recorrido para reducir el IRPF. Más dinero en las arcas del Estado y en el bolsillo de los particulares y mayor consumo. Además, en época prebélica o bélica la UE no será tan estricta con los déficits. De hecho, Francia ya ha anunciado que no respetará sus compromisos comunitarios al respecto porque gastará más en defensa y seguridad. Nadie se ha opuesto a estas declaraciones. 

La política del BCE impondrá más intereses negativos a los depósitos bancarios en sus cuentas; eso obligará al sector financiero a dar créditos a empresas y particulares para conseguir beneficios. De hecho, eso ya está presionando el mercado inmobiliario que está subiendo los precios. Un factor más que hará crecer la economía vía demanda interna, con un pequeño riesgo de crear futuras burbujas.

En resumen, aunque los expertos pronostican un crecimiento inferior en 2016 al de 2015, no hay razones para pensarlo. Es más, mi pronóstico es que la economía española crecerá, probablemente como este año, por encima del 3% y acercándose al 3,5%. ¿Seguro? Nada lo es si se trata del futuro y menos en economía. Volviendo al principio del artículo todo dependerá de las medidas que tome el próximo Gobierno.

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